Primero que todo he de pedir excusas tanto a la Señorita CAMILA quien me atendió sin reparo alguno, a Lord por no haber enviado en tiempo mi relato y al foro por mi irresponsabilidad.

El tema que me convoca: Me notifica Lord que la señorita que correspondía a esta lotería había desaparecido de la faz de la tierra y, como opción alternativa, me ofrece le sustituya la Srta. CAMILA. Confirmo la propuesta y me confirma que todo está “Ok!”.

Contacto a la citada vía WhatsApp y me responde muy afable, agradable, pícara en sus respuestas. Dejamos ordenado para el día viernes después del trabajo.

Aquel día, me esfuerzo en extremo para poder adelantar trabajo y apurar mi salida. Todo se dio increíblemente. ¡Hasta la movilización aquel día fluyó inexplicablemente!

Llego al sitio de la cita un tanto más de media hora ya antes. Resignado a esperar se cumpla la hora reservada, recibo un mensaje de la Señorita quien dulcemente me solicita que cuando ya vaya encaminado cara su edificio le avise. Agradecido y también intuyendo lo que podría suceder le respondo prontamente que me encuentro prácticamente en frente de su edificio, a lo que ella gentilmente responde que le de unos minutos para “arreglarse”… bromeando le respondo que no imagino que deba arreglarse… me responde con una risa zorrilla y presumida y me insiste que le de unos minutos.

Después de no más de 5 minutos recibo su autorización y accedo a la recepción del edificio en cuestión, paso obligado de revisión para poder acceder “al cielo”. Me autorizan desde el departamento, ascensor, y me comienza a apresurar la cuchase.

Cuando pulso el timbre, una joven voz desde dentro responde “¡vooy!”… se sienten tacos, carreras, spray y después de unos segundos se abre finalmente la puerta.

Ingreso, se cierra la puerta, volteo y ¡oh! sorpresa: una flaca linda de carita, de expresión zorrilla y sonriente me observa. Le abrazo y le beso, le entrego mis humildes obsequios y pasamos raudamente a la habitación. Un abrazo más, otro beso y le pido mi ducha.

Me guiña un ojo y, respondiendo un “no aguardaba menos de usted”, me cede una toalla con perfección doblada y seca.

Luego de la ceremonia regreso a la habitación donde CAMILA me aguardaba sentada al filo de la gran cama. Haciéndome una seña y palmeando la cubrecama me invita a me tienda a su lado. Me tiendo en ella y CAMILA me reta diciéndome “¡sáquese la toalla, Amor, que se puede resfriar…!”…

Reí y obedecí, me disculpé por lo poco… ahora rió… charlamos para destensar el ambiente, conocernos un poco más, hasta que nos besamos… ¡y todo cambió!

Nos besamos de manera lenta, conociendo nuestras bocas mientras que mis manos recorrían su bella humanidad, especialmente sus nalgas redondas, cálidas y provocadoras. Le desabrocho la blusita blanca que llevaba y queda en brassiere. Lo desabrocho y quedan sobre mí dos preciosos pechos.
Al sentirlos sobre mi piel, interrumpo el beso y me abalanzo sobre ellos a besarlos y degustarlos… ¡qué delicias! Unos pezones que me hicieron rememorar mi niñez, suaves, dulces, bellos, cálidos. Los beso los dos. Mientras, CAMILA se entretenía con lo poco y nada que tenía a mano. Cuando libero de mis besos sus pechos, me afirma ella “¿le hago un oral, Amor?” a lo que esta vez le digo pícaramente “¡que sea mutuo!”; nuevamente aquella sonrisa provocadora, se gira y cruza sobre mi cara su pierna quedando en aquel fantástico número “setenta” (yo cumplo la ley del redondeo… ja-ja-ja-ja).

Me acomodo bajo ella mientras traga lo poco que halló y empezamos con aquel fantástico regaloneo mutuo. Sus rosados labios se sentían fantásticamente húmedos, cálidos, suaves. Mordisqueaba sus muslos, su Monte de Venus, sus labios mayores, lengüeteaba sus labios menores y aquella campanita carmínea y, en uno de sus embates de caderas, alcancé a besar su ano, introduciendo mi lengua en él y sentí que le complació mucho pues engulló a tope a mi minion y se esforzó por brindarme mucho más placer en su beso.

Cuando sentí me estaba acercando peligrosamente a mi clímax y no pretendía dejar mi sesión a medias, le pido si podemos mudar posición. Me enfunda magistralmente, se monta a horcajadas sobre mis caderas, se inclina para besarme y mueve de manera consciente su cadera hacia el encuentro de mi disfrazado amiguito, logrando un perfecto acople y entrada en su amedrentad.

¡Qué cosa más riiicaa! Sentir cuando entré en ella o bien, mejor dicho, cuando ella se ensartó sobre mí, con lo cálido de su interior, sentí un placer tan especial que me hizo sentir que subí al séptimo cielo. Ella empieza suavemente su vaivén de caderas, sinuosos movimientos de su espalda que apretaba con mis manos, sus glúteos, sentirlos en mis manos de qué forma trabajaban para provocar aquel movimiento y apriete a mi minion, oleadas de real e indescriptible placer.

Después de unos cuantos embates y intuyendo que pronto vendría mi catastrófico fin, le solicité cambiásemos a la tradicional “Doggy Style”. Se detiene como quien conduce un pulman: suave, controladamente, despacio. Se desmonta y se coloca junto a mí en cama. Me yergo y me pongo tras ella. ¡¡Qué maravilla de imagen!! Aquella espalda inclinada hacia las almohadas, su cabellera ocultándole su rostro, sus nalgas alzadas a mí… me afirmo de sus caderas con una mano, con la otra encamino a mi apéndice a su entrada y, agradeciendo toda su delicadeza, procuré entrar en ella tan con delicadeza como me fue posible, provocándole esta vez placer a ella.

Una vez habiendo tocado fondo (es solo un decir; quise decir una vez estuve entero dentro de ella) comencé mi vaivén suavemente, como cuando el tren inicia su marcha. Con el correr de los embates fui acelerando mi ritmo y CAMILA comenzó a gozar. Cuando ya mis caderas aplaudían cada encuentro con sus nalgas y mi furor estaba al máximo, vino a mí el enorme Big-Bang y exploté en ella tan estupendamente que caí rendido y jadeante sobre su espalda.

Ambos nos tumbamos sobre la cama, poco a poco me retiro de ella hasta que estoy fuera totalmente y me tiendo de espalda sobre la cama a su lado. Ella, en un acto de gentileza (y ahora fríamente analizándolo quizás de ternura) se abraza a mí sobre mi pecho, sintiendo y haciéndome apreciar lo acelerado de mi corazón en ese momento.

Todavía jadeante le respondo y también comenzamos una breve charla. Suena su teléfono y le pregunto si ya vamos a estar en la hora, a lo que me responde “le quedan ocho minutos, Amor”, a lo que le respondo “mejor voy a ducharme. A fin de que todos felices se debe respetar el horario” y marcho al baño a mi ducha de salida.

Cuando salgo concluyendo de vestirme CAMILA se sienta a mi lado e intercambiamos un par más de besos. Le agradezco su atención, su dedicación y su tiempo. Afablemente me responde “el placer de conocerle fue mío, Amor, Don Anciano Novato…” ¡qué gran y particular detalle! Rememorar mi Nick después de nuestro encuentro lo considero muy significativo puesto que, sin ánimo de despreciar a las Señoritas, la mayoría sabe mi apodo cuando llego pero no lo recuerdan cuando me retiro. Sin embargo CAMILA fue hasta en este detalle distinta.

Me acompaña a la puerta, nos despedimos con 3 besos finales. Grabo su sonrisa en mis ojos y salgo al estruendo de las calles en el centro, esbozando una sonrisa de satisfacción recordando y repasando qué gran instante he vivido al lado de CAMILA: una Provocadora Señorita Escolar…